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“La sociedad del cansancio”, de Byung-Chul Han (2010)

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Resumen: “La sociedad del cansancio”, de Byung-Chul Han (2010)

http://evpitasociologia.blogspot.com/2014/12/la-sociedad-del-cansancio-de-byung-chul.html

Razones para recomendar este libro:

En una era superpositiva, la gente se ve obligada a ser feliz, según dice Byung-Chul Han. Esta idea entronca con la de Lipoveksky de que la sociedad moderna nos obliga a ser perfectos incluso en lo más íntimo: desde guardar la línea a tener unas satisfactorias relaciones y, ahora que han inventado Facebook, a tener muchos amigos.

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Autor del resumen: E.V.Pita, licenciado en Derecho y Sociología


Sociología, cambio social, estructura social

Título: “La sociedad del cansancio”

Título original: “Die Müdigkeitsgesellschaft”

Autor:  Byung-Chul Han


Fecha de publicación: Berlín, 2010

Editorial original: MSB Matthes & Seitz


Editorial en español: Herder Editorial SL, Barcelona, 2012


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Biografía oficial del autor (hasta 2012)


Byung-Chul Han, de origen coreano, estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura alemana y Teología en la Universidad de Múnich. En 1994, se doctoró por la primera de dichas universidades con una tesis sobre Martin Heidegger. En la actualidad es profesor de Filosofía y Teoría de los medios en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe. Autor de más de una decena de títulos.


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ÍNDICE


El Prometeo cansado


La violencia neuronal


Más allá de la sociedad disciplinaria


El aburrimiento profundo


Vita activa


Pedagogía del mirar


El caso Bartleby


La sociedad del cansancio


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Idea general: Byung-Chul Han parte de la idea de que el individuo de las sociedades actuales está sometido a una gran presión para obtener el mejor rendimiento posible en el trabajo [nota del lector: Lipovesky diría también que en el entorno personal y amoroso]. El obrero ya no es explotado sino que se autoexplota él mismo para mejorar su eficiencia, incluso con dopaje, lo que le lleva a una situación de cansancio permanente e infinito. “El sujeto del rendimiento se cree en libertad pero está tan encadenado como Prometeo”, dice.

Aunque el autor es filósofo, su idea es una gran proeza sociológica porque a nadie se le había ocurrido entender la actual sociedad como generadora de cansancio  e incluso depresión aunque muchos empleados lo vean a diario cuando se tumban “fritos” sobre el sofá al llegar a casa. Lipovesky se había acercado mucho a esta idea al señalar en uno de sus libros que la actual sociedad exigía un gran rendimiento al individuo, obligado a ser feliz en ámbitos tan dispares como el trabajo, la moda, la familia o incluso la cama, lo que le generaba “stress” si fallaba algo para lograr sus estándares de felicidad.

Byung-Chul Han sigue esa línea de razonamiento. 

En el capítulo 1 sobre la violencia neuronal, señala que en épocas pasadas las enfermedades eran virales pero esa época quedó atrás gracias a las vacunas y antibióticos inmunológicos. En esas épocas, se luchaba contra un enemigo externo como en la Guerra Fría y se repelía ciegamente todo lo extraño con discursos negativos sobre la amenaza del “otro” para provocar una reacción inmunitaria.

Pero desde hace tiempo se lleva “de manera inadvertida”, dice Byung-Chul Han, un cambio de paradigma que surgió tras el fin de la Guerra Fría y, por lo que se deduce de su texto, llegó con el auge de la globalización que disolvió las fronteras. En vez de extrañeza, ahora hay “diferencia”, que no produce reacción inmunitaria. Ni siquiera los inmigrantes serían extraños, sino una “carga” económica, dice el autor.

Según el autor, la patología del siglo XXI sería neuronal con enfermedades e “infartos psíquicos” como la depresión, el trastorno límite de personalidad (TLP), el transtorno límite de personalidad (TDAH) y el síndrome del desgaste ocupacional (SDO), lo que vulgarmente se conoce como “estar quemado”. El colapso del yo se produce por un “sobrecalentamiento” de lo positivo como la hiperactividad.

Detrás de estas enfermedades ve un exceso de positividad por la sobreabundancia de lo “idéntico”.

Y añade: “La violencia de la positividad, que resulta de la superproducción, el superrendimiento o la supercomunicación ya no es viral, lo que genera rechazo, agotamiento, fatiga y asfixia ante la sobreabundancia. Es una violencia neuronal”.

Dice que Braudrillard se equivoca al interpretar la violencia de la positividad en clave inmunológica cuando dice que la “comunicación generalizada y la superinformación amenaza todas las defensas humanas”. Pero para Byung-Chul Han, la violencia de la positividad no presupone ninguna enemistad sino que se despliega en una sociedad permisiva y pacífica. Dado que se generan dentro del propio sistema y es inmanente al sistema, no hay resistencia inmunológica porque la violencia neuronal carece de negatividad.

 Byung-Chul Han también dice que hemos dejado atrás la sociedad disciplinaria de Foucault (llena de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas), una sociedad del control, la prohibición y la negatividad, y ha sido sustituida por una sociedad de gimnasios, oficinas, bancos, aviones, centros comerciales y laboratorios genéticos. “La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria sino una sociedad de rendimiento, los súbditos son ahora sujetos de rendimiento, emprendedores de sí mismos”. Es una sociedad de un poder sin límites, del “Yes, we can” [nota del lector: y en España el “Podemos”]. Los proyectos, iniciativas y motivación reemplazan a la prohibición. En vez de locos y criminales, ahora se generan depresivos y fracasados.

Lo único que tienen en común ambas sociedades es que se empeñan en “maximizar la producción”, pero llega un punto en que la sociedad disciplinaria se topa con un límite a su crecimiento por lo que el inconsciente social pasa del “deber” al “poder” para aumentar mucho más la productividad. Y añade Byung-Chul Han: “El sujeto de rendimiento es más rápido y más productivo que el de obediencia”. Hay una mera continuidad. Quienes no están a la altura,… se deprimen (cita a Alain Ehrenberg). Para el autor confluyen otros factores como la carencia de vínculos y, sobre todo, la presión por el rendimiento, que es el nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna. El obligarse a sí mismo a rendir genera exceso de trabajo y rendimiento, “lo que se convierte en autoexplotación” y encima es muy eficaz porque va acompañada de un “sentimiento de libertad”. [nota del lector: Vuelve al mismo punto de partida de Lipovesky en “La Felicidad Paradójica”: es una libertad paradójica porque las obligaciones inmanentes a ella se convierten en violencia y su manifestación patológica son las enfermedades psíquicas”.


En el tercer capítulo, sobre el aburrimiento, Byung-Chul Han habla del exceso de estímulos que dispersan la atención como, por ejemplo, los juegos de ordenador o las tareas “multitasking”, una habilidad para la que están capacitados tanto el hombre actual como los animales salvajes (estresados por los ruidos “raros” en la selva y en permanente estado de vigilancia para sobrevivir). Ninguno de los dos está inmerso en lo contemplativo. De la preocupación por una buena vida, el ego hiperactivo actual pasa a una preocupación por la superivivencia, lo que no es un buen ambiente para generar cultura o incluso bailar, que son fruto de la vida contemplativa y el aburrimiento.

Luego, el autor Byung-Chul Han cuestiona el concepto de “animal laborans” moderno de Hanna Arendt en La Condición Humana. Sostiene él que el animal laborans moderno no renuncia a su individualidad ni a su ego para consumarse trabajando en el proceso vital anónimo de la especie. “La sociedad del trabajo se ha individualizado y convertido en la sociedad del rendimiento y la actividad histérica del trabajo. Es un hiperneurótico, con un gran nivel de agitación nerviosa”, dice. 

Añade que en las sociedades tardomodernas el “yo” está aislado porque su vida sin religión es ahora efímera y le falta la narración que le daba la religión y nos reduce a todos a una “vida desnuda” o un “homo sacer” (un excluido de la sociedad totalmente aniquilable como el preso de Guantanamo, un sinpapeles, un enfermo vegetal enchufado a una máquina). Dice que el hombre moderno sería un “muerto viviente”. “En esta sociedad de obligación actual, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados, la depresión actual se parece a la de los presos muselmänner de los campos de concentración debilitados y apáticos aunque el actual enfermo está bien nutrido y obeso”, añade.

En los últimos capítulos, Byung-Chul Han viene a concluir que el ser humano y la sociedad se ha transformado en una “máquina de rendimiento autista”.

El último capítulo, La sociedad del cansancio, arroja más luz sobre el asunto al añadir el efecto del dopaje que se considera admisible para aumentar el rendimiento de, por ejemplo, un cirujano que salva vidas. Se busca un cuerpo que funcione sin alteraciones y maximice su rendimiento. Pero el exceso de actividad y de rendimiento provoca un “infarto del alma”. 

Añade que el cansancio de la sociedad del rendimiento es un cansancio a solas que aísla y divide. Lo contrapone al cansancio de Handke, que es inspirador como el domingo pensado para no hacer nada y disfrutar de un tiempo de paz, que se contrapone al cansancio del Yo agotado, que se debe a un exceso de positividad e incapacita para hacer algo. La comunidad del Pentecostés, del sabbath o el domingo libre, se opone a la sociedad activa.

Written by evpita

febrero 9, 2015 a 6:48 pm

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